¿Alguna vez te has preguntado por qué piensas como piensas?

Definitivamente no vivimos en un vacío: nuestra cultura, pero también nuestra memoria de experiencias pasadas, gustos y disgustos, deseos y aversiones, determinan en gran medida la forma en que pensamos. La filosofía, desde tiempos remotos, se ha encargado de hacer esta misma pregunta e incluso ha indagado tan profundo, al punto de influenciar nuestras percepciones de ahora. Filósofos clásicos como Sócrates, Platón y Aristóteles lo han hecho, pero me gustaría detenerme en Descartes, quien siglos más adelante desafía el pensamiento Aristotélico de la Edad Media, y después de un estudio exhaustivo expone un método que ha de moldear la forma en que hoy en día adquirimos conocimiento y lo procesamos.

Considerado como “padre de la filosofía moderna” y conocido por su frase célebre pienso, luego existo, René Descartes, en su Discurso del Método, establece que el hombre, a diferencia de cualquier criatura, es el único poseedor de un alma y de la herramienta más preciada y poderosa que se puede tener: La Razón. Mediante el uso de esta, se puede estudiar las leyes inamovibles de la naturaleza y la materia más elemental como la tierra, el cielo, el fuego, el agua, etc., que responde a dichas leyes. De ahí la posibilidad de desmenuzar y entender elementos compuestos más complejos y la posibilidad de dominarlo todo. Para aplicar esta habilidad, Descartes pone como prioridad la conservación de la salud ya que es vista como “el primer bien y fundamento de otros bienes de esta vida”[1]

Ciertamente, la intención de dominio de la Naturaleza y del cuerpo mismo, prevalece hasta nuestro días y es la que ha forjado tantos avances tecnológicos y una mayor longevidad del hombre. Sin embargo la misma intensión se nos ha revertido y ahora la Naturaleza responde con fuerza al abuso que le hemos dado y se ha vuelto complicada la manutención de tanta población de personas de edad avanzada.

No descarto las bondades que dicho Discurso ha brindado a la humanidad ya que sigue proveyendo al hombre de elementos para el correcto análisis. Sin embargo, hoy en día nos hemos quedado cortos: requerimos desesperadamente de un enfoque distinto para la resolución de nuestra vida aquí en la Tierra.

¿Te has preguntado por qué mucha gente de Occidente recientemente se ha volcado al estudio del Yoga (por no mencionar otras filosofías de Oriente)?

Tanto la filosofía Cartesiana como la tradición Yógica buscan la Verdad, virtud que hasta al hombre actual atañe, pero el primero lo hace estudiando con su mente (fuente de la Razón), el exterior y su cuerpo mismo cómo un objeto más de estudio, mientras que el segundo concibe el cuerpo y la mente como partes de una sola entidad que habrá de trascender para descubrir “la fuente eterna del conocimiento”, y así percibir y conocer con claridad máxima la materia y la Naturaleza, que dentro de la tradición ambas tienen un solo nombre, Prakriti, y del cual el cuerpo mismo y los pensamientos forman parte.

La práctica de Yoga, con una popularidad creciente, hoy viene a recordarle al hombre que en efecto tiene mente, y razona con ella, pero que esta está íntimamente ligada con su cuerpo y su alma. Esta visión lo lleva inevitablemente a la aceptación de lo que es acerca de su cuerpo y la Naturaleza, y en el mejor de los casos, lo posiciona en un lugar más humilde en cuanto al entendimiento de todo cuan lo rodea.

-

[1] René Descartes, Discurso del Método, Weblioteca del Pensamiento.


- Miriam Hamui / miriamyoga.com

¿Interesante? También podría gustarte la siguiente entrada; Tu ubicación en la era de la información. .